Mujeres Migrantes en Berlín

Sobre la burocracia en Berlín

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Viniendo de México, la burocracia en Alemania me parece normal. Para mí jamás ha sido fácil hacer un trámite administrativo. La cosa es que en Alemania, no sólo el idioma representa una barrera, sino el hecho de ser inmigrante. Otra cosa que nadie te dice es que, a pesar de que uno de los estereotipos alemanes es que ellos tienen reglas para todo, no siempre es así. Si tienes éxito o no al pedir un trámite, siempre va a depender de la persona que te atienda, siempre.

Veamos. Cuando me di cuenta de que mi cuenta de banco era muy diferente a la de mis compañeros de la universidad (la mía la abrieron mal) no dudé en cambiarme de banco. Déjenme decirles que no fue NADA fácil. Me negaron la cuenta en ese banco por ser mexicana! Así, por mi nacionalidad. Peleé tanto, que al final accedieron a abrirme una cuenta de banco. Segundo caso, no podía tener un chip del celular, por lo mismo, por ser mexicana. el caso es que, siempre fue diferente dependiendo del trabajador que me tocara.

Y pareciera que todo esto es inocente, que no se traduciría a algo más grave. Bueno, saben que la situación laboral no es como todos creen. Alemania carece de puestos de trabajo. Así que las opciones que quedan es trabajar en limpieza, gastronomía, hotelería. Trabajos precarios, pues. Yo me fui por la gastronomía, trabajaba en un café. Para lo cual necesitaba un tarjeta roja, es decir, un papelito que dijera que conocía las reglas higiénicas para trabajar con comida.

Así que saqué cita y el día que me tocó ir el sistema no estaba funcionando. Uno tenía que tomar turno de todas maneras y pagar en efectivo. Cinco minutos antes de que yo pasara, el sistema se restableció y ahora sólo podía pagarse con tarjeta. Pero no con cualquier tarjeta, tenía que ser una tarjeta alemana. Para mí no había otra forma de pago, era con tarjeta o no obtenía el papel que me permitiría seguir trabajando. Y me quedé pensando, ¿qué hace la gente en estos casos? Porque la mayoría que terminan aquí son migrantes, que quizá ni siquiera tienen un banco alemán, porque además tener uno cuesta demasiado.

Al final en esa oficina me dieron un papelito diciendo que había tomado el curso, pero que sólo me faltaba pagarlo. Me dieron una fecha límite para ir de nuevo con una tarjeta de banco alemán, sino, tendría que hacer todo de nuevo. Tuve que pedirle a un chico que trabajaba en el mismo café que me hiciera el favor de acompañarme, ¿se imaginan? Total, duré tres meses en ese café porque no nos pagaban a tiempo. Y aún me deben dinero!

Angy, vive en Berlín desde septiembre de 2016

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