¿Cómo te introducirías?
Soy Angy, de México. Actualmente estoy desempleada, pero busco activamente un trabajo.
¿A qué te dedicabas en tu país?
Antes de mudarme a Alemania trabajaba para una empresa internacional, en el área de Recursos Humanos. Estudiaba alemán los sábados, salía mucho con amigos, inclusive tenía novio.
¿Cómo era tu vida?
Parecía estable, tenía un buen trabajo, ganaba lo suficiente para pagarme algunos lujitos. No sé, creo que a pesar de eso no puedo decir que era feliz, no me sentía completa. O quizá tenía miedo a ver que así era como acababa mi vida y yo quería hacer más cosas. Creo que cambié mucho durante los últimos años en que viví en México, me daba miedo frecuentar los lugares de antes porque la violencia se puso muy pesada. Creo que también influyó el trabajo, en donde la mayoría de mis compañeros venían de una clase más alta que la mía.
¿Alguna vez te imaginaste que ibas a vivir aquí?
No, nunca. El entorno en el que viví no era para nada internacional, no era como que hubiera obtenido la inspiración de algún lado. Tampoco tenía a mis papás diciéndome que había oportunidades allá afuera. Recuerdo que soñaba con venir a Alemania, yo estaba en la universidad. Pero era eso, un sueño, algo imposible, ¿qué iba yo a hacer acá? ¿Con qué dinero me iba a venir?
¿Qué motivos te trajeron aquí?
Pues lo mismo, que no me sentía completa. Justo antes de entrar a ese último trabajo en México, se me había metido en la mente la idea de estudiar en Alemania porque mi hermano estuvo aquí y lo que me contaba sonaba super chido. Al final empecé a tener problemas en el trabajo y supe que era ahora o nunca. Ya no me gustaba mi trabajo, ni tampoco podía encontrar otro, así que dije: que pase lo que tenga que pasar.
¿Qué sentiste cuando supiste que venías?
Muchísima alegría y a la vez un poco de culpa. Me sentí egoísta porque esto lo estaba haciendo por mí, aún sabiendo que iba a dejar a mi familia y amigos. Claro que también tristeza, pero al final la alegría pudo más.
¿Qué has tenido que sacrificar para quedarte?
Muchas cosas. Tiempo, trabajé mucho en mi aplicación a la maestría y a la beca, o sea, para ser aceptada aquí en Alemania. Mucho esfuerzo, tuve que aprender alemán, tomar mil exámenes, mandar un libro de documentos para aplicar. Claro que la familia, mis amigos, el trabajo seguro, un sueldo seguro. Mi comodidad, quizá. El tenerlo todo.
¿Hay alguna anécdota de un momento difícil que nos quieras contar?
Pues al principio todo era felicidad, pero luego me fui dando cuenta de que no tenía nada, ¡ni un techo que me perteneciera! No llevo mucho aquí, por eso creo que el momento en el que puedo decir que toqué fondo fue cuando corté con un novio alemán. Me pegó mucho no por él, sino pues que me volvió a pasar. Volví a tener una relación fallida en otro país, y bueno, al mismo tiempo me estaba dando cuenta de esto, que no tenía nada. Que había tenido que meter mi vida en una maleta y empezar de 0.
¿Qué te ha hecho dudar de tu estadía?
Pues creo que igual, que aquí siento que soy nadie, que no tengo nada. Es difícil pensar en que tengo que volverme a construir una vida que quizá ni vaya a funcionar y no es como que pueda estar aquí así porque sí, tengo que dar una razón para tener una visa. Ahorita mi estrés es la búsqueda de trabajo, que no va nada bien, y eso es lo que me hace dudar si debería quedarme, aunque sé que en México no sería mejor.
¿Cómo son tus relaciones ahora con la gente que dejaste en tu país?
Claro que dejé de frecuentar a cierta gente, hay otros amigos que aún conservo y nos mandamos un mensajito de “hola cómo estás” y el contacto sigue. Con otros me ha pasado que a veces expreso que no me está yendo muy bien y me contestan con un “estás en Alemania, ¿cómo puedes estar mal?” o me dicen que mis problemas son “first world problems” como que no creen que uno pueda pasar un momento difícil aquí, o como que si ya pisas tierra alemana y la vida se vuelve color de rosa. Creo que la gente no dimensiona lo difícil que es ser un migrante.
¿Qué te motiva a seguir aquí?
Recordarme a mí misma que estoy en donde quiero estar. Que trabajé mucho por esto y que se hizo realidad. Recuerdo que lloré de alegría cuando supe que había sido aceptada en la universidad. También me motiva el saber que mi vida no sería mejor en México, mi novio. Berlín en general, me gusta mucho, estoy agusto aquí.
¿Tienes alguna anécdota de un momento feliz?
Todas las historias que tengo con los amigos que he conocido aquí. Para mí la gente hace la diferencia y he tenido la fortuna de conocer gente hermosa que me inspira y que me apoya.
Esta entrevista se realizó en agosto de 2018. Angy llevaba casi 2 años en Berlín
